Intro: Casa de Pachulinas

Érase una vez, en una sencilla casita, en una sencilla ciudad, una sencilla familia dió vida a un tipo sencillo.

Aunque llamarlo “Tipo” hubiera sido bastante raro, siendo que, en la posición temporal en la que nos hemos situado, él sería un recién nacido.

Él creció viendo casualmente todos los días a su padre, su madre y su hermano y no es como para decir “¡Ay!, qué familia tan ejemplar y bonita, le voy a ir a leer esto a mi tía abuela conservadora“, en realidad el “Tipo” creció viendo casualmente a su padre, madre, hermano… bueno, ya saben.

 

Durante los años conocería y se despediría de personas, no realmente una vida totalmente llena de acción porque narraré, querido lector, como si usted fuera a leer esos libros que dicen… “Y luego… un Caracol Gigante acechó la ciudad… y nuestro personaje estuvo ahí para vivir un viaje mágico, lleno de aventuras… ¡Oh!… queridos lectores, os contaría todo esto… y puedo hacerlo, sólo por la módica suma de 40 dólares“, pero los dos, usted y yo, sabemos que no haré eso (Aún).

 

Y así también, durante los años, éste Tipo fue aprendiendo cosas… para evitar su kriptonita, su némesis, su cáncer, su ron sin marca que seguramente provocará indigestión y un abismal acuerdo -si no al otro día, a los minutos de ser consumido- entre sus consumidores que dice “¿Por qué?”… El aburrimiento.

 

Oh, el aburrimiento. Pequeña invención del inframundo, es la sombra de los tiempos futuros que si se asoma demasiado tiempo sobre uno, se pasa de estar aburrido a ser aburrido.

Pero también, el aburrimiento es el motor del que será -esperamos- vuestro fiel personaje y su tropa de pequeños, medianos y depende de usted si llama “grandes” personajes.

 

Verás, lector, éste catalizador del aburrimiento ha llevado a nuestro ya elaborado “Tipo” a formar distintas personalidades, no de una forma esquizoide, si no como un método para llevar a cabo una vida de “invención”.
Entre ellos hay personajes como el “Sgt. Nicotina”, un hombre orquesta que vive para escribir canciones, con rumores de haber sido un freak de circo, magullado, abismado y a ratos, extrañamente muy optimista y con una obvia adicción al cigarrillo.

O tenemos al “Dibujante”, y bueno, lo que él hace es básicamente… ¡Dibujar! -Simple, ¿eh?-

 

Y así, como un aspirante a proxeneta, nuestro “Tipo” -osea, Yo… porque con tantas interrupciones del señor que parece completamente ajeno esto está súper confuso- está rodeado de sus pequeñas atracciones, su pequeña casa de Pachulinas.

 

Esta es mi casa de Pachulinas.

Bienvenidos a ella.

(Por cierto: Nuestro “Tipo” era un Tipo feliz, tan feliz, que decidieron llamarlo “Felipe Acuña Viera” -No sé a quién se le ocurrió, hubiera funcionado mejor Félix. Gracias al cielo, al menos ése error es menor que la probabilidad de haber sido llamado “Felipe Acuña Pérez”-. Hay que romper el misterio a veces, ¿Cierto?, si después de todo arribita dice el nombre.)