El fracaso, dulce alegoría de la vida.

Todos los días tienen un poco de aquello, todas las experiencias de la vida tienen su sabor.
Un día sin fracasos es un día perdido, aunque sin ser un fracasado, sin fracaso no hay quien aprenda.

No fracasa quien repita receta probada, pero tampoco inventa quién no fracasa.

En el éxito nos corrompemos, en el éxito nos acomodamos.
En el éxito corremos de nosotros mismos como quien corre en un terremoto a la puerta que dice “Exit”
Y no hay ser menos productivo que quien está cómodo.

Así que, ¡Que viva el progreso, y los fracasos de su camino!

Que vivan los días dolorosos
Que vivan los amores prohibidos
Que vivan las confianzas rotas
Las amistades podridas
Las palabras en vano

Las cañas de vino
Los papeles arrugados en la basura
Lo que tuvimos que dejar de hacer con los años
Las canciones que nadie escuchó
El silencio que nadie llenó
El llanto que nadie calló

Los sueños perdidos
Y los que quedaron, sueños y amigos

Y es que cada día que viva y fracase, será un día en que traté de hacer algo nuevo y aprendí.
Y cada cosa que no sea fracaso, luego de él, es la que en realidad es valiosa

Así cada cosa en su propia rareza

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