Más real que el realismo

“La réalité nous offre une telle abondance que l’on doit couper sur le vif, simplifier, mais coupe-t-on toujours ce qu’il faut?”

(La realidad nos ofrece tal abundancia que debemos cortar -parte de ella- en el acto, simplificar, pero -la pregunta es- ¿Cortamos siempre lo que debemos?”)

­– Henri Cartier-Bresson

 

Disclaimer: Esto es sólo mi opinión, en base a las experiencias de mi vida. No se aceptan tontos graves.

 

Hay un arte que es más realista que el realismo, me parece.
Es un diagnóstico que personalmente vi y viví desde adentro, en cuanto me fijé que el “realismo” -al menos el más popular y entre comillas- se acomodó en pintar cuerpos y caras ficticiamente pulidas sin expresar la profundidad emocional -y por tanto finalmente ética y estética-.

De hecho, fue por eso que personalmente me alejé bastante del mal llamado realismo y sus vicios para concentrarme en conocer y experimentar en la fotografía, buscando a ratos la crudeza de la realidad, a ratos el apaciguante silencio de la falta de egos en el objetivo, y a ratos recordando en bosquejos fotográficos algo que pude haber pintado en mis etapas anteriores.

Hay una parte de la fotografía, aprendí al poco tiempo, que me parece más análoga a ése “realismo” vulgar que tomamos los pintores principiantes, pero en fotografía -como todo en ella- tiene un nombre mucho más honesto y crudo: Fotografía de Moda, o retratos -siempre y cuando, obvio, tengan esa intencionalidad más superficial-

Candy Cigarrette, 1989. Por Sally Mann.

¿Qué hace que una imagen sea profunda?

La verdad es que no tengo certezas después de una vida buscando esa respuesta.

Lo que intuyo es la simbología, pero no como movimiento -Que como todo movimiento cae en el vicio de la exageración de lo que se toma como bandera-, si no como simbología per se, cruda y dura.

En la fotografía, por ejemplo, se habla mucho del proceso de contar una historia, o trozos de ella, pero por la naturaleza del medio, no se cuenta en palabras.
En cuanto se cuenta una historia en fotografía, se cuenta a través de los símbolos que se capturen.

Puede ser una niña fumando un cigarrillo de dulce, contando quizás de cómo por distintas razones la infancia se diluye, a veces, demasiado rápido en el dulce naíf de la pubertad y adolescencia.

Puede ser un hombre llorando en los escombros de lo que parece haber sido su casa, o un barco encallado en el desierto.

Y me parece que ahí yace lo poético de cierta fotografía, que evoca.

Y éste evocar tiene en su corazón el núcleo del arte moderno: La interacción entre el artista con su obra de arte y el espectador.

A diferencia de otras artes -donde también se puede, pero no pareciera ser tan común-, la historia de cada fotografía en la mayoría de los casos se la cuenta el espectador a si mismo, en base a su conocimiento previo y su experiencia de vida.

Niños entre los escombros de edificios bombardeados. La Granjuela, Frente de Córdoba, España. Junio de 1937 (Durante la guerra civil). Por Gerda Taro

Y esto es lo que nos trae el realismo que me interesa.

Es extraño como esta abstracción y, viéndolo fríamente, alteración de la realidad, es precisamente lo que nos puede entregar el mayor de los realismos.
Que es la, consciente o no, homologación de nuestra propia realidad proyectada desde la realidad capturada por el fotógrafo, pero vista y sentida a través de nuestros ojos y memoria.

Ahí es donde creo que se ha caído el realismo en la pintura, de que trata de ser demasiado realista visualmente, sacrificando la abstracción, y por lo tanto, la capacidad de evocar la propia realidad en un vicio superficial.

Guernica, cuadro que representa el bombardeo de Guernica, durante la guerra civil española. Pintado entre Mayo y Junio de 1937. Por Pablo Picasso

¿Por qué?, creo que simplemente porque como todo lo que se vuelve tan dogmático como la música clásica -y no me refiero a la de cámara necesariamente- o éste “realismo” en la pintura: Las cosas se dejan de tratar de la realidad personal, contextos o de la expresividad, y en cambio se comienzan a tratar de las habilidades y técnicas de cada artista o intérprete, volviéndose un oficio fácilmente reemplazable por máquinas o robots.

Como alternativa, debo decir, prefiero representarme en la pintura bajo el ala de “El Arte Representativo”  más que el “realismo” -denuevo entre comillas-.

Y esto es paradójico, como pasa con lo paradójico de la tolerancia donde para mantener la tolerancia debemos ser intolerantes con la intolerancia.

El realismo más real, aparentemente, es el que recorta y destaca lo que se quiere mostrar, el que exalta y discrimina visualmente lo que, para cada caso particular, deja de importar. Es el que guía al ojo del espectador, para que el espectador mismo caiga en esta evocación de una historia, una narración. En éste caso, sobre algo de nuestro mundo o realidad.

La pregunta es, cuando recortamos esta realidad, ¿Recortamos siempre lo que deberíamos?

 

Hombre durmiendo en un stand de periódicos, Marzo de 1954, New York. Por Vivian Meier