Otro punto de vista

En mi post anterior argumenté sobre el valor de aprender nuevos oficios, el conocimiento combinado de cada cosa que aplicamos y del por qué la fotografía es más objetiva que el dibujo y la pintura.

Pero… ¿Es la fotografía necesariamente mejor?, ¿Es al revés?

Ahh… un paseo por la plaza, las palomas volando, los ojos de la gente brillando, rojizos y blancos.
Las huellas de chicle en el asfalto, las eternas declaraciones de amor pasajero tallados en los árboles

Corazones, latiendo, de savia y sangre.

Dedos amarillentos, labios rojos, lenguas moradas quizás
La probable historia de la probable viuda que le da comida a las Tórtolas -aunque fuesen palomas probablemente-
Las puntas en las cornizas de la catedral, como la corona de Cristo
Los niños efusivos, las madres a mal traer
Los padres que añoran dormir, las ojeras, bolsas de té, mercaderías

Otros que ya han dormido demasiado

El adolescente en la energética juventud con su cara de pajero
la niña crecida y bajita, grande y chica
el trompetista que practica y practica aspirando tubos de escape

Sabiamente algunos fotografían esto, muestran realidades, muestran lo que suponemos es la verdad
y sabiamente otros sabios dibujan, analizan, se abstraen

He aquí el valor del dibujo.

El dibujo completamente objetivo no es mucho más que una forma de sacar fotos poco eficiente, costosa y sin sentido.
El dibujo y la pintura tienen como fuerte el análisis, la abstracción, incluso en las artes figurativas, más o menos -Podría escribir muchísimo sobre por qué el “realismo” es mal término para estos asuntos-, en algunos casos, una calidad meditativa digna del más iluminado de los vendedores de pan de linaza e inciensos.

Y exactamente eso, estas artes en cuestión tratan, en esencia, de la capacidad reflectiva del artista por sobre la obra. La capacidad de interpretar, incluso a veces caricaturizar una idea, concepto, situación, momento, memento. Para algunos, por gustos y costumbre puede tratarse de la habilidad del artista, para otros, su sensibilidad.

Para muchos su valor comercial, su estampa personal, y fuera lo que fuese, en todos los casos, me parece, se remite al final a una sola cosa: La interpretación.

Quizás eso sea lo esencial de las artes, y de la vida artística. Desde el pianista clásico, al cantante popular, desde el poeta maldito y su maldita existencia, hasta el poco apreciado escritor de frases alegres, casi autoayuda.

Desde el pintor de caballos hasta el cineasta, que en su más alta complejidad, combina todas las otras artes, o puede hacerlo.

Un viejo que da su opinión basada en la juvenoia en sus relatos, el saxofonista de corazón partido.
El guitarrista que toca “Bebop a Lula” sin saber cantar, el cantante a capella que no sabe entonar.

Los gordos cantantes de pop, las estrellas negras, apagadas, febriles y fríos

Los buenos, malos, reconocidos y no, todos vivimos en eso, la interpretación.

En el arte, al final, no hay una mejor que otra, cada cual tiene su reino.

Por otro lado, ¿Qué será lo que nos distancia del político en su opinión?
Quizás sólo sea un asunto de dignidad, o pobreza, qué se yo.